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Octubre del 2024
Maestro Homero Grillo Escondeur
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Julio Ibarra Acosta |

Julio Ibarra Acosta |

Maestro. Lavalleja

Memorias pedagógicas a sesenta y cinco años de la reinstalación del Instituto Normal Rural.

Biografía de un educador inolvidable

Homero Grillo Escondeur nació el 9 de marzo de 1906 en el paraje Molles de Porrúa, departamento de Río Negro. Fue el decimosegundo hijo del matrimonio integrado por Francisco Grillo y María Escondeur Iralde. Vivió su niñez mayormente en ámbitos rurales e inició su carrera docente como maestro en la escuela volante Nº 78 de Bañados de Medina, departamento de Cerro Largo. Posteriormente se desempeñó como director rural en la escuela Nº 69 de Sauce de Casupá desde donde partió hacia la escuela Nº 16 de Solís (actual Villa Rosario). Dirigió dicho centro escolar desde el 6 de abril de 1942 hasta el 14 de julio de 1957. Al día siguiente asumió como director del Instituto
Normal Rural (INR) ubicado en Estación González, departamento de San José, en el cual trabajó hasta el 19 de febrero de 1959, fecha en la que el instituto se trasladó a Cruz de los Caminos (luego como CENACMAR [Centro Nacional de Capacitación de Maestros Rurales], y actualmente como CAF [Centro “Agustín Ferreiro”]). Allí permaneció en el cargo de director hasta acogerse a los beneficios jubilatorios.

La cotidianidad de la vida en Villa Rosario

El paraje conocido por aquel entonces como Solís, actual Villa Rosario, muestra una zona rural de altísima densidad poblacional, con pequeñas chacras que mantenían tradiciones heredadas de una fuerte inmigración canaria que en aquellos tiempos poblaba los campos de Canelones y del sur de Lavalleja con una cercanía geográfica que mantenía una fuerte vinculación productiva, social y cultural que aún hoy se mantiene. El latir de aquella zona tenía una comunicación fluida hacia y desde Montevideo, y hacia y desde Minas, a través de las pujantes vías ferroviarias cuyo epicentro más cercano era la cercana Estación Ortiz. La idiosincrasia productiva tradicional encontró en la figura de Grillo un verdadero impulsor de toda actividad de progreso basada en la incorporación de nuevas tecnologías de producción, de nueva genética animal, de técnicas de producción y mejoramiento de cultivos desconocidos para la época en aquel lugar. Esta innovación permanente era sostenida por la fuerte propuesta asociacionista de Grillo, quien impulsaba el cooperativismo, los grupos de trabajo y la ayuda mutua en todas sus expresiones. Esta lógica de trabajo constituyó una manera de pensar y de vivir que se amplió rápidamente al área circundante de la escuela que, cual faro, esparcía una señal de luz a quienes la supieron apreciar. Configuró así una guía que aún permanece en la memoria de las viejas generaciones y es herencia para quienes hoy pueblan los mismos lugares trabajando esa misma tierra.

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Documentos esclarecedores de una labor permanente.

En el análisis documental realizado pudimos observar el grado de movilización de la escuela de Grillo. Tomó posesión del cargo en un contexto de pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, que impactaba en todo el globo de manera más o menos directa. Apenas iniciada la guerra en 1939, Uruguay había sido testigo de la primera gran batalla naval de este conflicto bélico, la cual hizo visible esta guerra como un hecho más cercano que lo que se podía imaginar. Avanzado el año 1942, el conflicto mundial afectaba aspectos vitales de la vida cotidiana de los países, como la escasez de combustibles y el encarecimiento de los metales, por ejemplo, el hierro. El agro de entonces, si bien consumía bastante menos de esos insumos que actualmente, no era ajeno a una guerra que a la distancia dejaba su nefasta influencia sobre el mundo de aquella época. En nota dirigida a la Inspección de Escuelas de Minas, el maestro solicitó herramientas e insumos que se habían vuelto un bien escaso, y resultaban imprescindibles para la labor de la escuela.

Una pedagogía rural basada en el trabajo

En todo este análisis subyace un poder de trabajo que atravesaba toda la acción de este modelo pedagógico. La actividad creativa y potencialmente útil estaba al servicio de la escuela y la comunidad. La escuela 16 como centro de acción se erigió en un referente de la movida educacional de la zona, del departamento y también de otras regiones teniendo en cuenta los vínculos de Grillo con colegas y comunidades de diferentes lugares del país. Es reconocida su vinculación con docentes como Miguel Soler, Julio Castro, Abner Prada y tantos otros que marcaron una época. Las visitas de estudiantes magisteriales eran permanentes. En estas instancias, Grillo desplegaba toda su faceta de maestro de maestros, mostrando el potencial de las propuestas desarrolladas en la escuela con un enfoque teórico-práctico que servía de insumo permanente a las nuevas generaciones docentes. Afiliado tenazmente al concepto de Escuela Productiva acuñado en el programa de 1949, mostró una gama de recursos para llevarlo a la práctica.

Los innumerables proyectos productivos que se implementaron dan muestras de un poder de trabajo de características difíciles de imaginar. Apiarios, cría de cerdos, tambo, frutales, huerta, aves, floricultura, por solo nombrar algunos, fueron parte del gran abanico de propuestas desarrolladas
desde la escuela. No debemos dejar de mencionar la potente actividad social y deportiva que tenía como centro la propia escuela. Así funcionaron clubes agrarios, deportivos, grupos de productores, comisiones de apoyo, lo cual hacía que toda actividad escolar tuviera impacto directo en todos y cada uno de los integrantes del vecindario.

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El impacto comunitario de un gran educador

Es una realidad evidente la impronta que su obra dejó en el lugar. Hoy, en la zona de influencia de la ex Escuela Granja Nº 16 se ubica un polo educativo que integra tres subsistemas de ANEP (DGEIP, DGES, DGETP) a través de la escuela, del liceo rural y del bachillerato agrario. Esto permite una confluencia de ciclos educativos, una continuidad educativa por la que tanto trabajó Grillo en su intento permanente de que los alumnos continuaran estudios secundarios.

En nuestro departamento es palpable el impacto que la labor de Grillo tuvo en todos los ámbitos de su época, al punto de ser tomado por el reconocido escritor lavallejino Juan Capagorry como modelo de maestro rural, inmortalizado en su libro Hombres y oficios (1966). Allí, el autor destacaba la fuerte convicción educadora del maestro y su labor a nivel de toda una comunidad, viviendo el día a día de los chacareros del entorno, palpitando sus logros y reveses; en una palabra, viviendo la vida sencilla y esforzada de estos humildes pobladores. En otra página de ese memorable libro aludía a la obra de Grillo, sin nombrarlo, mostrando su faceta de fuerte contenido social. A su vez, Capagorry señalaba que, durante mucho tiempo, oportunistas que venían desde el pueblo a comprar productos de granja aprovechaban la ingenuidad y el desconocimiento de los campesinos acerca de los precios de sus productos; esto se traducía en que el valor estuviera muy por debajo de su precio real. Más adelante, la intervención del educador demostró a los pobladores el aprovechamiento y la explotación de que eran objeto por parte de los revendedores. Ante esto, los granjeros optaron por darle el verdadero valor a los productos. Entonces, entre los hábiles compradores que venían del pueblo a tratar de negociar sacando ventaja de aquellos humildes productores se escuchó decir: “Tan avivaos los canarios”. Este episodio pinta de cuerpo entero el impacto de la obra de Grillo.
Otro autor lavallejino, Domingo Luis Pastorino, en su libro En ámbito casupeño... (1994) hacía referencia a la obra del maestro desarrollada en esos años en la floridense escuela rural Nº 69 de Sauce de Casupá, resaltando su perfil de educador comprometido y pertinaz en lograr cambios en la escuelas y sus comunidades.

En la mirada integral que Grillo le otorgó a su gestión abordó aspectos deportivos que dejaron huellas en al ámbito futbolístico. Gracias a su impulso se creó Granjeritos que tiempo después dio paso a Granjeros, emblemático club que aún hoy mantiene una fuerte presencia en el campeonato
local. En ocasión de festejar su aniversario, el maestro volvió a sus viejos pagos donde encontró el reconocimiento de sus exalumnos y de toda la comunidad, que veían en su persona un verdadero ejemplo de trabajo comprometido y pertinaz. En esa oportunidad, el club había recibido un premio a la corrección deportiva. La directiva consideró ese logro como el fruto del trabajo desplegado años atrás por Grillo, por lo que resolvieron entregarle el premio recibido en dicha ocasión. La inclusión de fotografías y menciones a la obra de Grillo que aparecen en las páginas del libro publicado recordando la historia del Club Social y Deportivo Granjeros, en cuya tapa aparece la imagen del maestro, no hacen más que confirmar la profunda huella dejada por el educador en esa zona. La tarea docente iba más allá de las aulas, se extendía a todo el vecindario. La memoria colectiva nunca pudo olvidarlo.

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Como testimonio pudimos recoger las vivencias de la maestra Renée Martínez, quien tuvo el privilegio de haber sido alumna de Grillo para posteriormente trabajar con él como maestra ayudante en la propia escuela Nº 16. Años después trabajó en el emblemático Núcleo Experimental de la Mina bajo la dirección de Miguel Soler Roca y también fue corresponsal de la revista Rumbo editada por
el ICER.
A continuación se transcriben los detalles de la entrevista que tuve la oportunidad de realizarle
personalmente a la referida educacionista en el mes de octubre de 2013. 

J. I. –¿Cómo recuerda al maestro en su visión de alumna?
R. M. –Lo recuerdo como un hombre enérgico, sumamente activo, tímido y apocado. Muy respetuoso
de nosotros sus alumnos, a los que trataba de usted. Él vivía en la escuela con su familia y esto le permitía dedicarse por entero al trabajo escolar. Tan es así que terminaba de dar clase y de inmediato empezaba a realizar otras tareas. Era incansable. Vivía todo el día trabajando al punto que a veces trabajaba en la chacra hasta las tres o cuatro de la mañana, aprovechando un tractor con luz que tenía, lo cual era toda una novedad para la época. Yo fui solo un año su alumna, en 6°, pero ese tiempo bastó para que dejara una profunda huella en mí, sobre todo por la cantidad de cosas que pude aprender sobre cultivos y tareas relacionadas a la producción.
J. I. –Podría contar alguna anécdota que recuerde.
R. M. –Hay muchas anécdotas, pero una muy característica de su personalidad era que sabiendo las
dificultades que tenían muchos alumnos para llegar a la escuela, producto de las extensas distancias
o el mal estado de los caminos, adquirió una volanta de cuatro ruedas con la cual los alumnos se trasladaban en forma mucho más eficaz a la escuela. Lo anecdótico es que el vehículo era manejado por un alumno de los mayores que cursaba 6º año, no recordándose que tuviera algún inconveniente.

J. I. –¿Qué aspectos de esos años escolares dejaron huellas que aún hoy permanecen?
R. M. –-En lo que respecta a la zona de Villa Rosario, puedo decir sin duda que su pasaje por la escuela dejó una profunda huella en el vecindario, ya que sus prácticas se extendieron a la comunidad circundante. Grillo siempre decía que el maestro debía ir a los vecinos y no esperar que estos se acercaran. Eso hacía que siempre estuviera recorriendo el vecindario realizando intercambio de experiencias, semillas, bulbos, animales, etcétera. Existía un tambo (modelo para
la época). El maestro influía en el vecindario en forma directa y a través de los niños quienes llevaban a sus hogares la impronta de la escuela. En lo que respecta a mi persona específicamente dejó un amor profundo por la escuela rural, que se ha mantenido a lo largo de toda la vida.

J. I. –¿Influyó la figura de Grillo en su elección como maestra?
R. M. –Sin duda. Tanto es así que habiendo tenido oportunidad de trabajar en la ciudad de Minas, no dudé en irme al medio rural. En aquel tiempo se podía hacer lo que llamábamos “práctica rentada”,
lo cual significaba irse a realizar la práctica en una escuela bajo la supervisión de una maestra que te orientaba. Para acceder a este beneficio tenías que tener una calificación mayor a 8,5 en 10. Así tuve la oportunidad de ir de agosto a diciembre a la escuela Nº 77 de Los Tapes, en el interior del departamento de Lavalleja. Luego de finalizado el año di todos los exámenes y me recibí. De inmediato concursé y tuve la oportunidad de elegir la escuela Nº 16 donde Grillo aún era director,
lo que me dio la posibilidad de trabajar como maestra junto a él por dos años. Posteriormente fui nuevamente su alumna en el Instituto Normal Rural cuando este aún funcionaba en Estación
González, en el departamento de San José. En ese lugar se dictaba el Curso de Especialización Rural que duraba un año.

J. I. –¿Qué considera que diferenciaba a Grillo del resto de los maestros de su época?
R. M. –Sin duda su enorme vocación, su increíble capacidad de trabajo y su profundo concepto de
escuela rural productiva no solo en bienes, sino también en conocimiento. Basta recordar la enorme
variedad de cultivos y experiencias productivas que emprendió Grillo en la escuela Nº 16 (frutales de diversas especies, vides, huertas, gallinas, cerdos, apiarios, chacras...). Sin embargo, a pocos kilómetros estaba otra escuela rural que, como la mayoría, no tenía ningún tipo de emprendimiento productivo o los tenía de manera muy precaria. Recuerdo una escuela que tal vez, sin llegar a tanto, se destacó en aquellos tiempos, fue la Nº 75 del paraje Caballo Muerto cercano a Solís de Mataojo, que dirigía la maestra María Esther Vera de Cóccaro.
J. I. –¿Cuál fue la faceta de Grillo que más le caracterizó?
R. M. –Creo que su potente influencia sobre la comunidad y su impresionante capacidad de trabajo,
aunadas a su innegable capacidad técnica.
J. I. –En su posterior contacto como docente, ¿qué aspectos de la pedagogía eran más relevantes en Grillo?
R. M. –Una cosa característica en él fue su particular manera de enseñar y de aprovechar el medio
circundante, relacionaba una cosa con otra. Podía trabajar horas con una simple rama de eucalipto. La didáctica era innata en él. Podía enseñar geometría en un gallinero, o construyendo un cantero. Explicaba el código rural observando con los alumnos un alambrado, y así podría citar miles de ejemplos. Recuerdo que permanentemente venían a la escuela estudiantes magisteriales a ver las experiencias que el maestro desarrollaba. En una de esas oportunidades vino el maestro José María Obaldía con sus alumnos.

J. I. –¿Cuáles considera que fueron los aspectos de su obra que permitieron que dejara una huella tan profunda en una comunidad rural que aún hoy lo recuerda?
R. M. –Indudablemente la comunidad apreciaba la obra formidable de Grillo porque impactaba directamente en el vecindario. Su sensibilidad por los problemas sociales de la época era evidente y daba respuestas prácticas que siempre tenían por centro la producción. Por ejemplo, ayudaba a los alumnos que querían continuar estudios secundarios plantando gladiolos, los cuales se enviaban en cajas, perfectamente acondicionados, a una florería muy prestigiosa de Pocitos en Montevideo que los revendía en la capital. Ese dinero permitía pagar en parte gastos de estudio. Otro aspecto era el de interactuar permanentemente con la comunidad, intercambiando semillas, plantines, enseñando técnicas de injerto, poda, siembra y otras técnicas de avance para la época. Seleccionaba semillas que repartía después entre el vecindario. Introdujo variedades de cerdos y aves desconocidas hasta ese momento en la zona (gallinas Rhode Island y Leghorn, entre otras). Tenía un apiario que manejaba con gran experticia haciendo participar a los propios alumnos, a los cuales colocaba trajes especiales para que aprendieran técnicas apícolas.
J. I. –¿Qué concepción de escuela y de educación rural tenía Grillo?
R. M. –Él siempre hablaba de la “doctrina de la educación rural”. Consideraba que esta tenía que ser
diferente. De hecho manejábamos el Programa de 1949 que marcaba una identidad de lo rural, con un concepto de Escuela Productiva que Grillo tenía siempre presente. Consideraba la zona de la escuela como parte de la escuela y las prácticas escolares, un ejemplo para toda la comunidad. Eso explica el porqué de la apuesta permanente a la excelencia en las prácticas de enseñanza y con relación a los medios de producción, que siempre incluían aspectos innovadores que la comunidad rápidamente incorporaba para mejorar su producción y por ende su calidad de vida.
J. I. –¿Cuáles ideales y prácticas realizadas por él hace más de cincuenta años considera que hoy seguirían manteniendo vigencia?
R. M. –Creo que toda la obra de Grillo está plenamente vigente. No podemos olvidar el contacto que
tuvo con Soler, Prada, Castro y otros de su generación cuyos ideales tienen vigencia y, en este último tiempo, el pensamiento de esa emblemática generación de maestros parece haber tomado nuevos bríos.

 

Grillo, director del Instituto Normal Rural

En 1957, Grillo fue nombrado director del entonces recientemente creado Instituto Normal Rural que en esos años funcionaba en Estación González, departamento de San José. Posteriormente, más precisamente el 19 de febrero de 1959, el INR se trasladó a Cruz de los Caminos y Grillo fue su primer director en ese nuevo local que hoy, sesenta y cinco años después, sigue siendo el Centro Nacional de Formación de Maestros Rurales, nominado Centro “Agustín Ferreiro” (CAF). La impronta de aquella generación de educadores, su compromiso y su fuerte identidad se transmiten a las nuevas generaciones docentes que hoy asisten a un lugar cargado de historia. Al revisar viejos documentos fotográficos resulta removedor apreciar el potencial de formación que Grillo le dio al instituto desde sus inicios. Las pasantías allí eran un canto al trabajo y a la formación. Representaba así un empuje a las vocaciones de maestros que desde lugares muy apartados encontraban en este espacio, tal como se mantiene hasta hoy, un agasajo a su vocación de ser maestro rural.

El ICER, mojón de la Educación Rural de su tiempo

Como respuesta a la decisión de las autoridades de la educación de clausurar la Sección Educación Rural del Consejo de Educación Primaria y Normal, a inicios de 1961 se creó el Instituto Cooperativo de Educación Rural (ICER) que, entre las varias tareas de apoyo técnico que desplegó en el magisterio rural, editó la revista Rumbo, publicación que desde su primer número tuvo a Grillo entre sus principales hacedores. Figuras como Miguel Soler, Weyler Moreno, Abner Prada, Nelly Couñago
de Soler, Yolanda Vallarino, Enrique Brayer, Ana María Angione de Moreno fueron pilares fundamentales de aquel desafío. Varios artículos escritos por Grillo formaron parte de dicha
publicación. Títulos como “Consideraciones referentes a la adaptación del maestro al medio” (Grillo, 1961), “Una actividad aconsejable para la Escuela Rural. Series de preguntas sobre temas agropecuarios” (Grillo, 1962), “Los ambientes de trabajo en la escuela rural” (Grillo, 1963), “La educación estética y otros aspectos didácticos en relación con el jardín escolar” (Grillo, 1965), evidencian gran parte de su pensamiento pedagógico. Estas publicaciones integran la escasa producción escrita legada por Grillo, quien fue un gran hacedor práctico con un fuerte sostén teórico que generosamente impulsó desde su permanente hacer pedagógico.

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Vigencia de ideales que marcaron una época

Desde el presente resulta muy difícil imaginar la vida de un educador que conciliaba ese perfil de maestro comprometido con una formidable capacidad técnica innata, compromiso, acción social y generosidad ilimitada. Se trata de un humanista que dejó un ejemplo de trabajo en todos los lugares donde desarrolló su vida y su labor magisterial, y ambas coexistían en una perfecta sintonía. Los diferentes roles que cumplió en su prolífica carrera docente tuvieron su punto más alto en la dirección del Instituto Normal Rural en Cruz de los Caminos. De aquella época de traslado hace sesenta y cinco años a su actual enclave en el emblemático km 40 de Ruta Nº 7 nos interpela su memoria, desafiándonos en este presente de cara a nuevos tiempos. Que los caminos abiertos por grandes hacedores como Grillo puedan ser la senda por donde seguir avanzando en beneficio de la educación
rural del siglo XXI.

Referencia bibliográfica
CAPAGORRY, Juan (1966): Hombres y oficios. Montevideo: Ediciones Grupo Toledo Chico.
GRILLO, Homero (1961): “Consideraciones referentes a la adaptación del maestro al medio” en Rumbo. Hacia una escuela rural mejor, Año I, Nº 1 (Setiembre), pp. 17-19. Montevideo: Instituto Cooperativo de Educación Rural. En línea: https://autores.uy/obra/15691
GRILLO, Homero (1962): “Una actividad aconsejable para la Escuela Rural. Series de preguntas sobre temas agropecuarios” en Rumbo. Hacia una escuela rural mejor, Año I, Nº 3 (Marzo-Abril), pp. 18-23. Montevideo: Instituto Cooperativo de Educación Rural. En línea: https://autores.uy/ obra/15716
GRILLO, Homero (1963): “Los ambientes de trabajo en la escuela rural” en Rumbo. Hacia una escuela rural mejor, Año II, Nº 4 (Febrero-Marzo), pp. 18-25. Montevideo: Instituto Cooperativo de Educación Rural. En línea: https://autores.uy/obra/15717
GRILLO, Homero (1965): “La educación estética y otros aspectos didácticos en relación con el jardín escolar” en Rumbo. Hacia una escuela rural mejor, Año IV, Nº 8 (Octubre-Noviembre), pp. 43-51. Montevideo: Instituto Cooperativo de Educación Rural. En línea: https://autores.uy/obra/15721
HERNÁNDEZ, Santiago (org.) (2012): Club Social y Deportivo Granjeros 1956-2012. Villa del Rosario (Minas): Acuario.
PASTORINO, Domingo Luis (1994): En ámbito casupeño... ...a uno y otro lado del arroyo. Caminos, llantas, neumáticos, balsas, botes y gente que sirvió. Minas: Ediciones Gente de Aquí.