Beatriz Rodríguez Azcarate
Maestra. Montevideo
En el año 2017, la escuela se transformó en escuela APRENDER y esta denominación determinó que se le asignara un cargo de maestro comunitario a la institución. Al tomar posesión de este inmenso desafío comenzaron los espacios de intercambio con la directora de la escuela y el colectivo docente, para construir el significado que el Programa Maestros Comunitarios debía tener en la comunidad escolar.
A partir de las preguntas que nos formulábamos, fue posible arribar a algunas certezas que son parte de nuestro hacer escuela y que tenían la oportunidad de traspasar distintos muros físicos, cognitivos, emocionales y sociales. Desde nuestra forma de hacer, sentir y pensar la comunidad escolar se plasmó la idea que es título de este artículo, pero además motor y centro de lo que se fue creando junto a niños, docentes, referentes barriales e institucionales, vecinos y familias: “La escuela, un nuevo valor. Un sujeto que aprende en múltiples escenarios”.
Al decir de Bordoli (2015:91), es necesario establecer el discurso que otorga sentido al trabajo
de los maestros comunitarios. Este discurso que se sustenta en la premisa “todos pueden aprender” porque este aprender es lo que nos hace humanos. El cambio en la forma debía habilitar otros escenarios, otros tiempos, otro modo de interacción que construyera la posibilidad de imaginar un proyecto de vida que nos acerque a la alegría, a las múltiples posibilidades.
Porque a soñar también se aprende.
Durante el año 2018, luego de haber transitado la experiencia, me doy la oportunidad de volver sobre ella para sistematizarla con la intención de seguir transformando nuestro hacer docente desde prácticas que generan nuevas prácticas, prácticas que están en permanente evolución. Como señala Freire (2004:19): «Toda práctica educativa implica esta indagación:
qué pienso de mí mismo y de los otros».
Este pensarse nos conecta con nuestra misión que es junto a otros.
El recorrido por el barrio, el acercamiento a otras instituciones que tenían anclaje en la zona, los encuentros de nodo y redes, los intercambios con niños y familias, las experiencias de otros maestros comunitarios, el diagnóstico inicial, los tiempos de planificación con la directora de la escuela, la lectura reflexiva, fueron dando insumos y evidencias que permitieron elaborar la estructura de funcionamiento y la agenda semanal compartida a continuación.
