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Abril del 2025
Infancias rurales a mediados del siglo XX
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Limber Santos

Limber Santos

Maestro. Lic. en Ciencias de la Educación. Director del Departamento de Educación para el Medio Rural (ANEP-CEIP). Docente e investigador del Instituto de Educación (FHCE-UdelaR).

Juegos, juguetes y representaciones del mundo adulto a través la revista El Grillo

Este trabajo fue elaborado a partir del artículo “Representaciones de las infancias rurales en los años cincuenta y sesenta: algunas imágenes en la revista escolar El Grillo” (Santos Casaña, 2024).
 

¿A qué juega un niño rural?” parece ser la pregunta que guía la construcción conceptual de la infancia rural a mediados del siglo XX y oscila entre la carencia y la abundancia, entre el relato lastimoso y el esperanzador, entre la idea de simplicidad salvaje y la de complejidad simbólica. «Todo ese mundo del niño del campo, la escuela no lo conoce. No conoce sus juegos ni la naturaleza de éstos.» (Castro, 1944:71)

La vertiente literaria entra en escena en este período con una importante fuerza de representación y construcción del niño rural y de los pequeños pueblos del interior. Lejos del sentido de denuncia y de exposición de las carencias, la literatura de la época juega con el valor de la sencillez, la autenticidad y la reivindicación de la vida del niño rural. De hecho, en Perico, una compilación de cuentos de Juan José Morosoli que tuvo su primera edición en 1945, “Los juguetes” es el relato más elocuente. La exposición del niño rural sin juguetes y que juega con su entorno desarrollando una creatividad e inventiva únicas es un signo de la época. El autor sintetiza esto en la expresión: «...supe que los juguetes y los juegos que hacen felices a los niños no están en las jugueterías» (Morosoli, 1999:122).

Estos y otros textos literarios, sumado a las representaciones de las infancias rurales por medio de la historieta y los textos de estudio, comienzan a aparecer en las revistas infantiles en la década de los cincuenta. A partir de la aparición de El Grillo en 1949 y de una serie de revistas infantiles comerciales desde inicios de la década de los sesenta –entre las que se destacan Charoná1 , El Día de los Niños2 y  Selecciones Escolares Uruguayas3 – se pueden visualizar estas representaciones signadas por los estereotipos y la contraposición de lo rural con lo urbano con fuertes sentidos políticos, sociales, culturales y de género.

Se puede decir que en las décadas de los cincuenta y sesenta, las aulas escolares se vieron invadidas por las publicaciones infantiles y por los libros de texto como materiales de estudio. Allí se pueden apreciar representaciones de las infancias rurales marcadas por una antítesis con lo urbano y una negación de las diversidades bajo el manto ilusorio del país “suavemente ondulado”.

Algunas imágenes son bucólicas, armónicas, de carencia en lo material pero pretendidamente auténticas, sanas y puras. Detrás de los estereotipos estéticos suele presentarse el medio rural como un reservorio moral, y sus habitantes como portadores de valores a ser preservados. El agricultor aparece como un ideal moralizante en el marco de relaciones productivas altamente deshumanizadas (cf. Ascolani, 2010).

infancias1 Los estereotipos alcanzan las ilustraciones de niños rurales vestidos con jardinero, o de bombacha de campo y boina. En el primer caso parecen representarse, en realidad, niños urbanos que disfrutan del ambiente y las actividades rurales desprovistos de preocupaciones, conflictos o contradicciones. En el segundo caso se muestra un tipo de niño rural que pretende representar, sin embargo, cualquier niño rural, como el ejemplo de Juancito de por allá y Martín Contador en el suplemento El Día de los Niños.

A través de las imágenes de los niños rurales se expone un mecanismo compensatorio de las carencias o dificultades propias del medio mostrando las virtudes de armonía, tranquilidad y pureza. El ambiente de la chacra o la granja de carácter familiar aparece con frecuencia, ya que permite mostrar a los niños en tareas sencillas y placenteras, alejadas del trabajo infantil, y cercanas a una relación armónica con el entorno. En todo caso, el juego se presenta como una preparación para el trabajo y los códigos del mundo adulto.

En las representaciones de la familia rural se muestran las infancias en armonía con su funcionamiento y con los roles asumidos. La niña rural aparece como colaboradora en tareas sencillas, mientras que el varón protagoniza actividades más rudas o está directamente trabajando. En ambos casos se construyen imágenes de niñas y niños escolares o escolarizados que marcan una diferencia con sus referentes adultos y, por ende, en sus miradas y percepciones de los fenómenos naturales y sociales.

Infancias 2

«En este escenario todos disfrutan de su labor, en tanto los roles se articulan en un bien ensamblado mecanismo productivo familiar donde la niñez aparece con matices secundarios o accesorios (...)

Es evidente que el campo es un espacio masculino, masculinizado y adultocéntrico. En la agricultura predominan las figuras de hombres en contacto con maquinarias agrícolas o empuñando herramientas de labranza.» (De Marco, 2021:91-92)

 

  • 1Charoná fue una revista infantil comercial dirigida por Sergio Boffano, que apareció por primera vez en Montevideo en 1967 (cf. Rancel, 2021).
  • 2El Día de los Niños fue una revista infantil que se publicó como suplemento semanal del diario El Día de Montevideo a partir del 25 de julio de 1966.
  • 3Selecciones Escolares Uruguayas fue una revista infantil comercial que comenzó a publicarse en Montevideo en 1960, similar a la edición argentina que se venía publicando en Buenos Aires. Su consejo de redacción estaba integrado por connotadas figuras del arte y las ciencias tales como Jorge Chebataroff y Serafín J. García
Las imágenes de El Grillo

La primera imagen del niño rural que aparece en El Grillo es radical. Ya desde el segundo número hay referencias directas al niño campesino. Se trata del texto “El niño y su tierra” de Beltrán Martínez, a juzgar por las iniciales (B. M.) de uso habitual para indicar la autoría en esta primera época de la revista. Muestra una escena fundacional de la imagen del niño de campo, que se arrastra de la primera mitad de siglo que estaba finalizando. Es, antes que nada, un niño trabajador, condición que se explicita sin vacilaciones. Pero también es un niño escolar. Ambas condiciones se presentan a la par, inevitables, propias del deber ser y merecedoras de elogio. También se lo presenta como un niño feliz, felicidad que al parecer deriva de su condición de niño rural que agradece lo que le da la tierra en su campo y el maestro en la escuela.

«Todos los días este niño campesino se levanta antes del alba, salta de su cama sin que nadie lo llame, y luego de tomar su desayuno unce los bueyes y marcha con su yunta a la chacra, satisfecho de que su trabajo contribuya al bienestar de su casa. El trabajo de la tierra le ocupa las primeras horas del día y luego concurre a la escuela donde se distingue como buen alumno.» (Martínez, 1950:21)

Por efecto de la estructura del relato se puede ver que es un niño autosuficiente, solitario y, salvo por las figuras del maestro en presente y del padre en pasado, sin presencia de referentes adultos. Las figuras masculinas determinan en exclusividad las circunstancias de este niño campesino. «A menudo mientras ara, va pensando cosas que le enseñó su padre o que aprendió en la escuela acerca de ella [la tierra], mientras cae oscura, húmeda y fragante volcada por su arado.» (ibid.)

En su artículo, De Marco ( hace referencia a relatos de la docente escritora Martha A. Salotti4 sobre diversas situaciones del niño rural argentino.

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«...retrata la cotidianidad infantil en escenarios rurales, el juego como formación para el trabajo, así como el cruce entre escolaridad y laboreo infantil. En el contexto de los manuales son elecciones novedosas donde figuras infantiles relatan sus experiencias, y de este modo funcionan como ventanas para que los escolares comprendan una diversidad de circunstancias en la voz de coetáneos.» (idem, p. 94)

Al niño campesino

Diógenes de Giorgi (1950) fue el primer autor de una página que, a partir del tercer número de El Grillo, tuvo una presencia sistemática durante buena parte de la década de los cincuenta. En la década anterior había compartido la postura de Julio Castro respecto a la especificidad de la escuela rural a través de su participación en los concursos de pedagogía (cf. De Giorgi, 1943). Los antecedentes vinculados con la educación rural le permitieron asumir la responsabilidad de iniciar esta página que, más adelante, se convertiría en una sección permanente.

La representación de las infancias rurales en este caso se construye de manera indirecta. Se dibuja por el destinatario, por los mensajes que se le dirigen y los temas que presumiblemente son de su interés. Varias imágenes de las infancias rurales surgen del análisis de esta sección.

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Al comienzo, las imágenes se construyen por apelación directa y su autor es el propio Diógenes de Giorgi. Se dirige directamente al niño y lo transforma en su interlocutor: «Nos dirigimos a ti, niño campesino. Escribimos esta página pensando en todos los alumnos y jóvenes exalumnos de las escuelas rurales...» (De Giorgi, 1950:21). Se mantienen rasgos del estereotipo dibujado por Martínez (1950) anteriormente. Es un niño campesino, pero también es un niño escolar «...que alegra con su túnica blanca el gris ocre de los caminos o el suave verde de las praderas» (ibid.).

El niño rural que trabaja

Las primeras imágenes refieren a un niño varón que trabaja y «...cuida el pastoreo de la vaquita doméstica en la orilla de los caminos» (De Giorgi, 1950:21). Se suaviza aquí imagen primigenia. Ya no es el niño que ara con una yunta de bueyes, sino el que ayuda en tareas más sencillas. Es elocuente la ilustración que acompaña el texto donde se muestra la compatibilidad del niño escolar y el niño trabajador. El dibujo de Elsa Carafi5 muestra un niño sentado en el piso, recostado sobre un poste de alambrado, cuidando una vaca y que en sus manos tiene un material impreso que aparenta leer y en el que se puede ver parte de un mapa de Uruguay. El mapa juega aquí el papel de representación plena e inequívoca de “lo escolar” y todos los demás elementos –el terreno suavemente ondulado, el riachuelo que bien puede ser una cañada, el rancho a dos aguas, el árbol que bien puede ser un ombú, la planta más cercana que bien puede ser un cardo, el alambrado con una hebra de alambre de púas, los pies descalzos, los pantalones con un tirador y el sombrero– representan de manera plena e inequívoca el mundo de “lo rural”.

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Lo anterior coincide con las imágenes construidas en la época en Argentina.

«...en una poesía llamada “El pastorcito” (...) se relata la labor cotidiana de un niño que cuida de un rebaño de ovejas en compañía de su inseparable perro. La candidez de la escena, al fin, tampoco oculta el hecho de que, entre los manuales seleccionados, esta es una de las primeras imágenes de niño rural en escenarios de trabajo que no implican una presencia adulta.» (De Marco, 2021:93)


En esta primera imagen, Diógenes De Giorgi adelanta la presencia de la literatura rural que alimentaría sobremanera lo que más adelante sería la sección “Al niño campesino”. Se mencionan algunos autores nacionales fuertemente identificados con las realidades rurales: Acevedo Díaz, Javier de Viana, Juan José Morosoli y Francisco Espínola.

Las imágenes se construyen valiéndose de escenas de la literatura rural seleccionadas para los niños campesinos. Se trata de imágenes construidas por la propia selección de textos pensando en el niño campesino como destinatario. El primer ejemplo de esta imagen apela al fervor patriótico y es la selección que Verdad Risso de Garibaldi realiza de la novela Nativa de Eduardo Acevedo Díaz, «el narrador de la epopeya nacional» (Risso, 1950:23). Esto ocurre con “El Gaucho” especialmente escrito para la revista por Silva Valdés (1950:19) y “En el río Cebollatí” escrito por Sabat Ercasty (1951:19).

En esta misma década, Pi Ugarte y Wettstein (1955) expusieron el fenómeno del rancherío rural a través del caso del rancherío de Cañas. Como antes Castro (1944) y luego Soler (2019), los estudiantes advierten acerca de la complejidad de la construcción simbólica en el niño rural, sus relaciones con el mundo adulto y con el medio natural.

«Pero a los 12 ó 14 años no se puede dejar de ser niño, y cuando toma de golpe un gesto de mayoría responsable, es porque no ha visto claramente aún su destino inmediato y está todavía, aunque no lo parezca, jugando. Juega un juego extraño...» (Pi Ugarte y Wettstein, 1955:121)


En el informe sobre el rancherío de Cañas aparece un puente con los relatos literarios y con las miradas desde las letras. En particular este puente refleja a su vez los vínculos entre la niñez y la adultez, descritos en la conferencia “La cansera del hombre de campo” dictada por Juan José Morosoli. «Él juega con los hombres a ser hombre. Primero jugó sin juguetes. Ahora juega sin niños, él [...] cree que es un juego feliz este resbalar apurado hacia la angustia de ser hombre.» (Morosoli, 1971:23)

  • 4Sin otra referencia
  • 5Elsa Carafi de Marchand fue ilustradora de El Grillo en todas sus ediciones. El dibujo que se reproduce aquí aparece en El Grillo, Nº 3 (Mayo de 1950). Ilustra el texto “Al niño campesino” (De Giorgi, 1950:21).
Referencia bibliográfica
ASCOLANI, Adrián (2010): “Libros de lectura en la escuela primaria argentina: civilizando al niño urbano y urbanizando al niño campesino (1900-1946)” en Educação em Revista, Vol. 26, Nº 01, pp. 303-325.
CASTRO, Julio (1944): La Escuela Rural en el Uruguay. Montevideo: Talleres Gráficos 33.
DE GIORGI, Diógenes (1945): La escuela rural que nuestro país necesita. Montevideo: Imprenta Nacional.
DE GIORGI, Diógenes (1950): “Al niño campesino” en El Grillo, Nº 3. Montevideo: Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal.
DE MARCO, Celeste (2021): “De los surcos a los libros. Representaciones sobre campo, familia e infancia en manuales escolares (Argentina, décadas 1940-1960)” en Espacio, Tiempo y Educación, Vol. 8, Nº 1 (Enero-junio), pp. 73-98.
MARTÍNEZ, Beltrán (1950): “El niño y su tierra” en El Grillo, Nº 2. Montevideo: Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal.
MOROSOLI, Juan José (1971): “La cansera del hombre de campo” en La soledad y la creación literaria. Ensayos y otras páginas inéditas. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
MOROSOLI, Juan José (1999): “Perico: relatos para niños” en Obras de Juan José Morosoli, Tomo III. Montevideo: Ediciones de la Banda Oriental.
PI HUGARTE, Renzo; WETTSTEIN, Germán (1955): Rasgos actuales de un rancherío uruguayo. El rancherío de Cañas de Tacuarembó en el panorama general de nuestros rancheríos. Montevideo: Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Montevideo.
RANCEL, Darío (2021): El niño y la niña en la revista Charoná. Representaciones sociales de la infancia en el Uruguay contemporáneo 1969-2004 [Tesis de la Maestría en Derechos de la Infancia y Políticas Públicas]. Montevideo: Facultad de Psicología, Universidad de la República. En línea: https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/29667/6/Rancel.pdf
RISSO DE GARIBALDI, Verdad (1950): s/t. Sección “Al niño campesino” en El Grillo, Nº 5. Montevideo: Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal.
SABAT ERCASTY, Carlos (1951): “En el río Cebollatí”. Sección “Al niño campesino” en El Grillo, Nº 8. Montevideo: Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal.
SANTOS CASAÑA, Limber (2024): “Representaciones de las infancias rurales en los años cincuenta y sesenta: algunas imágenes en la revista escolar El Grillo” en A. M. Fernández Caraballo, A. Capocasale (dirs.): Infancias, pedagogías y saberes psi en el Uruguay de 1951 a 1984, pp. 85-105. Montevideo: ANEP. CFE.
SILVA VALDÉS, Fernán (1950): “El gaucho”. Sección “Al niño campesino” en El Grillo, Nº 7. Montevideo: Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal.
SOLER ROCA, Miguel (2019): Rastrojos. Montevideo: FUM-TEP/Fondo Editorial QUEDUCA.