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Junio del 2025
El acervo artístico del Palacio Legislativo
Portada

Miriam Hojman

Miriam Hojman

Arquitecta (Farq, Udelar). Magíster en Ciencias Humanas. Opción Estudios Latinoamericanos (FHCE, Udelar).

Artículo elaborado a partir del capítulo “El acervo artístico del Palacio Legislativo”, publicado en AA. VV. (2020): El Palacio Legislativo. Aspectos arquitectónicos, urbanísticos, artísticos e históricos. Monte- video: Parlamento del Uruguay. Comisión Administrativa del Poder Legislativo. Comisión Honoraria para la Conmemoración de los 100 años del Palacio Legislativo.

El conjunto de obras de arte del Palacio Legislativo define su impronta. Es inviable percibir y apreciar el edificio, sin considerar su caudal artístico que es indisociable de su concepción arquitectónica. Su acervo puede clasificarse en cuatro escenarios: la ornamentación exterior de sus fachadas, los conjuntos escultóricos de sus jardines, la decoración aplicada en sus interiores, y la colección de las pinturas, esculturas y otros objetos artísticos, conformada por las obras que el Palacio adquirió desde su inauguración hasta la actualidad.

Dicho acervo se ha incrementado a lo largo de los años. Por ello, el Palacio es un muestrario de la obra de escultores y pintores nacionales –también algunos extranjeros– y ofrece un panorama de las distintas corrientes artísticas locales que se registran en sus casi cien años de historia.

La profusión ornamental y simbólica del edificio –elogiada por muchos y denostada por otros– es una de sus principales características. Una situación entonces habitual, dado que la abundancia decorativa y la mezcla de repertorios formales y estilísticos caracterizó a la arquitectura de esa época.

El lenguaje ecléctico que presenta a nivel interior y exterior combina lo clásico y lo nacional. En este sentido, adopta una iconografía con representaciones de la República, orientada a mostrar el modelo de país que el Uruguay pretendía alcanzar a comienzos del siglo XX. Se reconocen representaciones del trabajo, la justicia, la ciencia, el arte, la medicina, la industria, distintas actividades vinculadas al progreso y a la ética que simbolizaba las aspiraciones de un país democrático, próspero y virtuoso.

Es por eso que el Palacio Legislativo enseña muchas cosas. A partir de sus elementos artísticos se observa la historia de la nación, el devenir del arte uruguayo, y el repertorio ornamental del siglo XIX y de principios del siglo XX, así como la calidad de las industrias y de los artesanos que actuaban en el país.

El aporte de la construcción del Palacio al desarrollo de la industria y artesanía nacional

«La determinación de revestir el Palacio con materiales nobles y darle, con nuevos elementos de ornato, toda la suntuosidad que actualmente tiene, motivó el florecimiento, en el Uruguay, de una gran industria, la marmolística, la explotación racional y científica de una inmensa riqueza extractiva que no se conocía en toda su variedad, belleza e importancia, y la preparación de un personal experto que difícil hubiera sido en otras circunstancias incorporar al país para atender las nuevas normas edilicias que jalonan los progresos de Montevideo.
[...]

La realización de este Palacio ha permitido pues formar un núcleo de artistas nacionales en todas las ramas de la construcción; broncería, herrería, yesería y carpintería, los que contribuirán, sin duda alguna, a los progresos de las artes edilicias del país.»

Fuente: López Campaña (1925:369)

El período de concepción del edificio es amplio: comenzó con el llamado a concurso en 1904 y culminó en 1925 con su inauguración. Se trata de un período de transición, en el que las corrientes ecléctico historicistas de tradición académica van dando paso al debate disciplinar entre lo clásico y lo moderno. El año 1925 resulta significativo por la Exposición de Artes Decorativas de París, que promovió a nivel mundial el arte moderno funcional, luego denominado Art Déco. Es así que en las apreciaciones de los arquitectos, artistas y críticos respecto al edificio se denotan las tensiones entre la tradición y la modernidad, entre la búsqueda de la construcción simbólica de la ciudad y el impulso moderno.

El componente artístico y decorativo del Palacio surgió hacia 1913 con la contratación de Gaetano Moretti, para que culminara y otorgara suntuosidad al edificio. Si bien la base arquitectónica fue autoría de Meano con una concepción neoclásica, en su proyecto regía la austeridad y la sobriedad —seguramente por las limitaciones en el presupuesto que se establecían en las bases del concurso—, lo que no representaba cabalmente —según la mentalidad de la época— el templo donde se forjarían las leyes de un país pujante y moderno. Pero a partir del proyecto de Moretti triunfó la exuberancia ornamental y la combinación de una profusión de elementos simbólicos y decorativos. Este aspecto mereció en ese entonces halagos y críticas negativas.

Halagos de los arquitectos a la propuesta de Moretti para la decoración del futuro Palacio Legislativo

«En cuanto al detalle ornamental y escultórico de todo el proyecto, es, a mi juicio, genial. Denota él un plausible esfuerzo por modernizar y dar sabor actual a las formas clásicas. Los altos relieves de los frontones son magníficos y talvez el central principal ganaría aún más en magnificencia si no tuviera la ornamentación de antefixas que le quitan alguna serenidad a su línea general.  
[...] en cuanto al interior me siento poseído por la inmensa belleza de la sala de los pasos perdidos, obra esta –y más si no olvidamos que es un arreglo– capaz de cimentar la reputación de un gran artista. Esa concepción sola, salvaría cualquier monumento y podemos sentirnos satisfechos al pensar que vamos a poseer, realizada tan magnífica obra de arte.» 
(Alfredo R. Campos)

«El Sr. Moretti ha conseguido valiéndose de una severa y elegante decoración, algo exuberante en los interiores, pero perfectamente armónica y apropiada al estilo fundamental del proyecto original [...] muy especialmente con el agregado del bien motivado y acertado lucernario elemento culminante de efecto grandioso aunque a nuestro juicio algo liviano y por su ubicación, exageradamente decorado.  
Verdaderamente feliz estuvo el ilustrado artista en el estudio del cuerpo central, del frente principal, enérgico y espléndido modelo de perfección decorativa y de proporciones arquitectónicas, rico en decoración, pero no sobrecargado, armoniosamente equilibrado con relación a sí mismo, a los cuerpos laterales y a la bien movida rampa y escalinata de acceso. Este majestuoso motivo central por sí solo salva el resto del monumento en general poco interesante.»

(Silvio Geranio)

«El proyecto de decoración externa e interna para nueva sede del Parlamento, es francamente admirable, por ese justo espíritu de adaptación de un arte clásico a una moderna significación artística, en que el artista no recurre a torcidas innovaciones ni tampoco se rinde sumiso ante el viejo mundo del arte.» (Juan Veltroni)

«Las fachadas laterales resultan sencillamente grandiosas, decorados los áticos con motivos escultóricos de importancia que traen a la mente reminiscencias del altar de la patria de Zanelli, y el todo encuadrado en una simplicidad de conjunto que hace valer las líneas armónicas del monumento.» (Alfredo Jones Brown)

Fuente: El Día (1914)

La apreciación de un artista ruso

«No debo dejar pasar esas breves líneas sin reconocer también las principales obras dominantes del patio de los pasos perdidos, o sea las obras pictóricas de mosaicos que revisten lo alto de las redes principales; ese trabajo se ve mucho hoy en día y el efecto es grandioso.
Luego, los marcos de las ventanas y puertas de cedro, las verjas de bronce forjado artísticamente, corona más aun ese conjunto de bellezas. Todo demuestra delicadeza aguda de espíritu refinado, de gustos exquisitos; el fondo azul del plafond da un realce divino para los motivos de estucos que coronan todos los plafonds que forman los arcos de las columnas, etc.
El dorado delicadísimo repartido entre las flores y motivos y el color marfil del estuco mismo desplegan una armonía tan grandiosa y tan artística como jamás he observado en ningún monumento de esa naturaleza.
Creo y puedo afirmar que este Palacio Legislativo representará, una vez concluido, la octava maravilla del mundo...»

(Waler von Rower, subdirector de la Academia de Bellas Artes de Moscú)
Fuente: El País (1925)

Rechazos a la propuesta ornamental de Moretti

«Es necesario hacer el crudo análisis de esa decadente arquitectura italiana de hoy, mezcla de arqueología y de “pastiche” y que ha envilecido la voluta jónica y el puro acanto griego.  
Si alguna voz hubiera en el Palacio que fuera nuestra, bien podría dolernos una actitud rígida y severa. Pero en él no hay nada, desde el basamento, hasta el vértice del tímpano, que lleve mínima partícula de nuestro medio.  
Lo envuelve una magnífica carne de piedra nativa, torturada al exceso para lucir todo un simbolismo que nos es extraño.  
[...]  
Se verá cuán falsa y extranjera es toda la escultura que llena los escasos lisos que tienen los muros. Y como falta algún descanso, algún silencio en esa intrincada gritería de los profusos ornamentos.»  

(C. A. Herrera Mac Lean. Buenos Aires, 4 de enero de 1925)  
Fuente: Chiappara (1925:6-7)

«...en todas ellas [las fachadas], se nota una desagradable tortura decorativa y un evidente y estéril sacrificio del detalle.  
La vista no se da reposo, porque no hay hueco que no haya sido llenado con algún ornamento, ni frontón que no tenga festonadas sus líneas de vertiente con inverosímiles flores, colocadas a grandes alturas y hechas con excesiva prolijidad de detalle.  
[...]  
Y dorados son todos los motivos que completan la decoración del gran vestíbulo, en una profusión que deslumbra y que entristece: que deslumbra, porque da fugazmente al espíritu una gran sensación de riqueza, cuya falacidad se oculta al principio, por causa de ese resto de asombro ingenuo que todos tenemos, aún los más escépticos; y que entristece, porque es siempre triste quedar con las manos manchadas del áureo barniz engañador, de una alhaja que en instantes de optimismo supusimos legítima.»
 
Fuente: Chiappara (1925:68-69 y 72-73)

Entre la exuberancia decorativa y la glorificación nacional

La apariencia exterior

Como en muchas fachadas montevideanas, en las del Palacio se pueden distinguir los ornamentos meramente decorativos de los que aportan significados específicos. En ellas puede leerse el relato nacional que, a través de los ornamentos, la sociedad interpretaba y reconocía. Las alegorías, los atributos, los símbolos, los emblemas y otras imágenes narrativas tenían un significado más allá de lo puramente visual. Esto era fruto de la herencia cultural y de la educación, que habilitaban la comprensión de los símbolos de la tradición clásica. Por otra parte, los elementos meramente decorativos se incorporaban de acuerdo a la moda o al gusto imperante.

La mezcla y profusión de elementos ornamentales es obra del mismo Moretti, y de varios artistas nacionales y extranjeros invitados o contratados por concurso. Se trata de motivos tallados en mármoles nacionales por la Compañía de Materiales de Construcción. Estos elementos estaban ejecutados con excelente oficio y cuidado de detalles por personal local y extranjero —principalmente obreros italianos— que la Compañía contrató especialmente para el trabajo con los mármoles.

Con un lenguaje ecléctico historicista, la envolvente exterior del edificio incorporó el aparato ornamental típico del siglo XIX —el mismo que se encontraba y que aún persiste en innumerables edificios montevideanos—. Es así que se observan dentículos, festones, flores, hojas, frutas, volutas, modillones, cintas, conchas, antefijas, grecas, listeles, ovas y perlas en sus cornisas, frisos, frontones, paños, pilastras y columnas. Por otro lado, en varios sectores importantes de sus fachadas se integraron esculturas y relieves plenos de significado.

La linterna —el cuerpo central sobreelevado que Moretti diseñó en 1916, modificación sustancial del proyecto original— es uno de los elementos más destacados, o el más “torturado”, según palabras del crítico de arte Leonidas Chiappara, a nivel artístico del edificio.

La áspera crítica de Leonidas Chiappara hacia la solución decorativa exterior de la linterna

«El cuerpo central es, tal vez, de todo el edificio, lo más torturado y, por lo tanto, lo menos monumental. Los perfiles todos, las cornisas horizontales y los cuatro grandes pilares angulares han sido recargados de decoración, con motivos tan prolijamente trabajados en los detalles y a una escala tan pequeña que no pueden ser exactamente identificados desde abajo. Sólo desde la azotea del palacio pueden leerse con claridad.
El mármol, que es un material noble, bajo tales formas da a la arquitectura el aspecto desagradable de un postre de confitería.
En suma, todos los detalles adquieren un excesivo valor intrínseco, con desmedro de las relaciones que deben mantener entre sí.»

Fuente: Chiappara (1925:70)

Todos los elementos que conforman el lucernario están ornamentados. Las cornisas se componen de una sucesión de fajas a las que se incorporaron ovas, botones, cintas, rosetas, volutas, modillones, guardas de rosas y plantas de maíz, muy trabajados y cuidados en sus detalles, que pueden apreciarse cabalmente solo desde la azotea.

Allí se encuentran las “cariátides”, veinticuatro esculturas femeninas apoyadas sobre las columnas que sostienen la estructura de la linterna, que se han constituido en una marca identificatoria del Palacio.

Moretti envió desde Milán dos modelos de estas esculturas realizadas por el escultor Pedro Lingeri como ejemplo a seguir para el diseño de las restantes. Para ello se llamó a concurso a escultores residentes en el país; se presentaron veintisiete artistas con una totalidad de cuarenta y seis modelos. Aunque el concurso se declaró desierto, la Comisión Administradora del Palacio encargó directamente a algunos de los escultores la elaboración de los modelos definitivos

Los títulos de las doce cariátides —se realizaron dos de cada modelo— y sus respectivos autores fueron los siguientes: La Medicina de Arístides Bassi, La Música de José Belloni, Las Matemáticas de Luis P. Cantú, El Comercio de Ángel Ferrari Roca, La Física de Miguel Frau, El Derecho de Felipe Menini, La Escultura de Vicente Morelli, La Poesía de Miguel Rienzi, La Pintura de Amadeo Rossi Magliano, La Arquitectura de Leonardo Vítola, sumadas a las de Lingeri, traídas de Italia, La Agricultura y La Industria.

Acervo 1
Escultores varios. Cariátides. Mármol. 1922. Linterna 
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

Son esculturas de casi cuatro metros de altura, situadas en diversas posiciones, que miran hacia distintos puntos cardinales y que parecen vigilar la ciudad. Se trata de alegorías clásicas cargadas de simbolismo, que representan las actividades —artísticas, científicas y comerciales— que una nación nueva y democrática debía perpetrar.

Los pináculos sobre los grandes pilares angulares también son de destaque. Son piezas muy ornamentadas en las que reaparece un repertorio cargado de sentido neoclásico. Cuatro Victorias aladas en sus vértices flanquean cuatro proas rodeadas de un aparato ornamental profuso y minuciosamente elaborado.

Otro sector sobresaliente en la fachada exterior del edificio es el grupo escultórico del frontón principal. En el eje del tímpano, una figura de bulto —de autoría del escultor milanés Giannino Castiglioni (1884–1971) tras ganar un concurso en 1921— simboliza la Patria, una alegoría de la República —variante de la diosa Palas Atenea— que porta un gorro frigio y tiene el escudo nacional a sus pies.
Está rodeada de cuatro figuras alegóricas que simbolizan el amor, la veneración, la generosidad y la fe, y a sus pies, custodiando el escudo, dos figuras masculinas. A la izquierda, tres figuras representan el trabajo, el progreso y la riqueza nacional, y hacia el vértice la fuerza de la nación está representada por un hombre —Hércules— que domina a un león.
A la derecha del motivo central, tres figuras femeninas representan la cultura, alegorías del arte, la historia y la poesía, observadas por una figura masculina, el pueblo, y a sus pies una lechuza que para la mitología antigua era símbolo de la sabiduría.
El frontón es rematado por una cabeza de medusa, protectora, flanqueada por águilas: la valentía y la espiritualidad. En este conjunto compositivo se lee la fusión de las representaciones clásicas de las virtudes humanas junto al concepto de nación que se buscaba realzar.

Acervo 2
Giannino Castiglioni. Pro aris et focis. Mármol. 1923. Tímpano de la fachada principal
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

Importantes trabajos de los escultores uruguayos José Belloni, Gervasio Furest Muñoz y el cremonés —residente en Uruguay— Arístides Bassi completan los bajorrelieves de los cuerpos avanzados de las fachadas. Están ubicados conformando tríos bajo las ventanas del piso superior.
Los de la fachada principal son obras de Belloni que —tal como puede observarse y como el mismo artista expone en la memoria explicativa que acompañaba los bocetos— buscan rendir homenaje a la Patria a partir de las alegorías clásicas que involucran las virtudes humanas: fraternidad, trabajo, fidelidad, belleza, gloria, libertad, intelecto al servicio de la nación simbolizada por la Constitución, el Escudo, la Victoria y la Bandera. Se destaca la pieza La Devoción, en la que el pueblo representado por un grupo de hombres y mujeres fuertes y jóvenes —una constante en los demás relieves del artista— venera la bandera que congrega —según su autor— los afectos y deberes patrios.

Los relieves de Arístides Bassi, encargados por concurso, se encuentran en los cuerpos salientes de la fachada posterior, centrados también en la figura humana, pero con una temática más libre. En este caso no está presente la exaltación directa a los símbolos patrios, sino la inspiración en las diversas tareas productivas e intelectuales que llevan al progreso de un país: La fundición, Los forjadores, El Maestro, La Prensa. Sobresale el primero, donde dos figuras masculinas —de excelente diseño— vierten el material en el molde, a la izquierda un modelista trabaja en una medalla con un relieve de un centauro y a la derecha un escultor porta un busto de Minerva. En el plano del fondo, tres hombres ayudan con el trabajo.

Acervo 3
Arístides Bassi. La fundición. Mármol. 1924. Fachada posterior
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

Por último, Gervasio Furest Muñoz realizó los relieves de las dos fachadas laterales. En este caso, el autor se inclinó por la temática campestre. También la figura humana prevalece, y se ven hombres y mujeres realizando tareas vinculadas al campo, frutos y animales que remiten a la riqueza ganadera y la fertilidad de la tierra.

Las azoteas del Palacio albergan una gran riqueza artística. En sus cornisas y remates se encuentran piezas diversas, rostros humanos, cabezas de animales, máscaras, palmetas y volutas. Una obra singular, también de Giannino Castiglioni, es la esfinge con las alas arqueadas.

Los jardines

Los cuatro imponentes grupos escultóricos en bronce del escultor Giannino Castiglioni, que hoy están ubicados en los jardines del Palacio, estaban proyectados para coronar los cuerpos centrales de las fachadas laterales y debieron haber sido pasados al mármol, según la idea inicial de Moretti. Sin embargo, problemas presupuestales frustraron el proyecto. Desde la inauguración del Palacio en 1925, los modelos de yeso fueron guardados en los depósitos. Recién entre 1968 y 1976 se fundieron en bronce y se colocaron en los jardines, lo que posibilitó el acercamiento a la obra escultórica que en principio estaba destinada a la fachada del edificio. Los grupos denominados El Trabajo, La Ciencia, La Ley y La Justicia se colocaron a nivel de las veredas que circunvalan el Palacio, lo que permite que puedan ser apreciados por los transeúntes.

Aquí se repite la fórmula del uso de las alegorías clásicas para exaltar el modelo nacional. Las Ciencias, en el ángulo suroeste de los jardines, están representadas por cuatro figuras: una femenina, que sostiene un libro en una mano y en la otra la llama de la verdad, situada sobre un hombre desnudo y fuerte que simboliza el país; este somete con su rodilla a un hombre viejo que representa la ignorancia y abraza a un niño que es el futuro, las nuevas ideas y el progreso.

En el ángulo noreste se halla el grupo que representa La Ley. En el centro de la composición un hombre con toga, un juez, extiende su brazo derecho sobre las manos de dos hombres, un intelectual y un pastor —con un niño y una oveja a sus pies—, representando la unión de todas las clases sociales que integran la nación. Con la mano izquierda sostiene la Constitución, la ley fundamental de la organización del Estado que se estaba homenajeando con el edificio.

El Trabajo, evocado en el sector sureste, está conformado por la figura de un hombre fuerte, la nación, que ampara las fuerzas laborales y productivas del país —el agro representado por un hombre con instrumentos de labranza, la industria por un hombre con martillo y yunque—. A sus pies, una madre amamanta a un bebé junto a espigas de trigo, simboliza la vida, el trabajo en el hogar y la fecundidad.

Acervo 4
Giannino Castiglioni. El Trabajo. Bronce. 1928. Jardín, sector sureste
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

Una réplica de este sector de la escultura, La Madre, se ejecutó en mármol blanco en 1967, por alumnos de Escuela de Artes Aplicadas, dirigidos por los escultores Antonio Russo y Luis Gianmarchi.

Por último, en el ángulo suroeste se implantó el grupo escultórico La Justicia, representada por una figura masculina situada en el centro. Esta se apoya en una figura femenina a su derecha, que representa la ley, y en una masculina a su izquierda, que simboliza la fuerza y el orden. Una mujer joven agachada a sus pies parece recoger los frutos de esta unión.

Puertas adentro

Los interiores del Palacio poseen una riqueza ornamental inigualable. El arte aplicado se encuentra en paredes, techos, pisos, balcones, aberturas y mobiliario. Esta profusión decorativa se reproduce en las salas, los vestíbulos, las cámaras y la biblioteca: grecas, ovas, rosetas, volutas, festones, guirnaldas, medallones, dorados en capiteles, encasetonados, luminarias y arañas, dibujos en pavimentos, trabajos de carpintería en mobiliario, bronces en balcones y copones. La abundancia de detalles ornamentales de variados materiales puebla la mayoría de los rincones interiores del edificio: cabezas humanas, animales, monstruos y personajes mitológicos, esfinges y máscaras habitan los recintos.

Entre la exuberancia ornamental aparecen, como en el exterior, obras que fusionan lo local con lo clásico, con claras alusiones a la iconografía republicana y a la construcción de la nación. A continuación nos centraremos en esos trabajos, plasmados en mosaicos, vitrales, relieves, pinturas y esculturas de artistas nacionales y extranjeros.

El Salón de los Pasos Perdidos es la conjunción de la obra de varios artistas que, bajo la dirección de Moretti, se congregaron y otorgaron valor simbólico a ese sitio.

El uruguayo Edmundo Prati, que entonces residía en Milán, realizó por encargo directo de Moretti las esculturas en bronce y los relieves en yeso que flanquean los carteles de “Senadores” y “Diputados” sobre los tímpanos de las puertas de las Cámaras respectivas. Prati cuidó al máximo los detalles de las figuras representadas —los cuerpos, las vestimentas, los caballos— sin apartarse —como nunca lo hizo en toda su trayectoria— de la disciplina académica. Los relieves, que nunca se llevaron al mármol, representan cuatro acontecimientos de la historia del Uruguay: el Grito de Asencio, la Batalla de las Piedras, el Éxodo del Pueblo Oriental y la Independencia1 . En estas obras, el escultor interpretó la narración vernácula a través de la alegoría clásica.

Acervo 5
Edmundo Prati. Grito de Asencio y Batalla de las Piedras. Relieves: yeso, esculturas: bronce. 1926. Salón de los Pasos
Perdidos
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

Medio punto sobre las entradas a las Cámaras de Senadores y Diputados son un punto de destaque. Están firmados por el artista italiano Giovanni Buffa, de la casa Beltrami de Milán. El vitral que se encuentra sobre el ingreso a la Cámara de Senadores es La Justicia, representada por una figura femenina envuelta en una túnica roja y elevada sobre un pedestal. A su izquierda, personas humildes y necesitadas parecen reclamarle; y a su derecha, hay hombres cuyas expresiones y ataduras revelan que han sido juzgados. Con una estructura compositiva similar, aunque con un dibujo más recargado en el que predominan los colores oscuros sobre los claros, el vitral sobre la Sala de Senadores simboliza La República. En este caso está representada por un hombre, un gladiador romano que supervisa y custodia a los trabajadores de la ciudad o del puerto, que soportan el trabajo pesado a su derecha, y a los del campo con manojos de trigos, frutos y ganado a su izquierda.

Acervo 6
Juan Buffa. La República. Vitral. Salón de los Pasos Perdidos
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

También a Buffa pertenece el diseño de los mosaicos venecianos que se hallan en los lunetos que cierran la bóveda, alegorías que en uno simbolizan Las Artes —la pintura, la escultura, la arquitectura— y en otro Las Ciencias —la astronomía, la medicina, la geografía—.

Acervo 7
Juan Buffa. Las Ciencias. Mosaico. 1921. Salón de los Pasos Perdidos
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay


Acervo 8
Arquímedes Albertazzi. Esgrafiados. 1925. Patios interiores
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

En la bóveda se completa la iconografía vinculada al proyecto nacional, con cuatro relieves de José Belloni, creados a partir de los cuarteles del escudo nacional. Inscriptas en un marco rectangular, cada pieza se compone por el símbolo —balanza, caballo, cerro y buey— situado en un ángulo superior, y una figura femenina reclinada junto a un elemento refuerza el simbolismo y le otorga un atributo vinculado a lo nacional o a lo americano. La figura que encarna La Libertad porta un gorro frigio y sobre su brazo se posa un cóndor, ave que aparece en escudos de varios países americanos. La que representa La Fuerza está acompañada por un puma, felino autóctono del Uruguay. La alegoría de La Abundancia está rodeada de trigo, y de frutos y especies autóctonos. La Justicia es personificada por una mujer con la espada, símbolo de la fuerza para ejecutar las medidas de la ley.

La intención de incorporar obra a los muros del Palacio no se concretó con la técnica convencional de la pintura al fresco, sino con otras alternativas. En las paredes de los patios interiores del edificio, el artista italiano Arquímedes Albertazzi —con la ayuda de su hermano Enrique, también artista— realizó esgrafiados con un diseño vinculado al estilo ornamental romano —o tercer estilo pompeyano— en el que la obra está desprovista de perspectiva y relato, y aumenta la presencia de elementos de carácter decorativo. En este caso se observan figuras humanas y míticas, animales fantásticos, vegetales, columnas, frisos y detalles ornamentales, en un juego de tonos rojizos que cubren la totalidad de los muros de los cuatro patios del Palacio.

Por otro lado, en algunas salas se incorporaron obras pictóricas de gran formato que debían dar muestras de la gestación institucional de la nación. Para ello, en 1923 se convocó a artistas plásticos nacionales a un concurso de trabajos pintados al óleo que, aunque no se haya utilizado la tradicional técnica de pintura al fresco sobre el muro, se constituyeron en los primeros esfuerzos por integrar la obra mural a la arquitectura pública nacional.

Se destacan Una visita al campamento de Artigas en el Cerrito de Manuel Rosé y La Jura de la Constitución de Pedro Blanes Viale en el Vestíbulo de Honor, obra actualmente icónica que quedó inconclusa por la muerte del artista en 1926.

Acervo 9
Pedro Blanes Viale. La Jura de la Constitución de 1830. 1925. Arriba: Manuel Rosé. El primer surco. Vestíbulo de Honor
Foto: Departamento de Fotografía del Parlamento del Uruguay

Aunque con una temática histórica y una composición académica, en ambas se observa la libertad en la pincelada, lo que remite al impresionismo español y a otras influencias vanguardistas. Años más tarde, Rosé realizó las obras Encuentro entre un centauro indio y el león hispánico y El primer surco para los lunetos superiores.

Nuevamente las alegorías clásicas y las referencias nacionales se combinan en el Palacio. Otra gran tela pintada al óleo que también funciona como mural se encuentra en la Cámara de Representantes. En 1924, el artista Fernando Laroche ofreció la realización de este trabajo, que representa el encuentro de Artigas y Rondeau en el Cerrito durante el segundo sitio de Montevideo.
Estas obras fueron el comienzo de la conformación del acervo artístico del Palacio Legislativo, que fue creciendo en el transcurso del tiempo.

La colección permanente

Las distintas salas, los pasillos y los despachos de legisladores albergan más de cuatrocientas obras de arte —principalmente pinturas, aunque también esculturas y otros objetos— que fueron adquiridas en el transcurso de los años a través de distintos mecanismos. Unas setenta obras llegaron al Palacio por obtener premios en los Salones Nacionales de Artes Visuales. Las Cámaras de Senadores y de Diputados establecieron premios especiales Adquisición, en general medallas de bronce, de modo ininterrumpido desde el tercer Salón en 1939 —el primero fue en 1937— hasta 1966. Estas obras fueron elegidas por un jurado calificado, lo que de alguna manera garantiza la calidad y la representatividad del arte del período. Entre otras, se destacan obras de Zoma Baitler (1939), Washington Barcala (1940), Norberto Berdía (1941), Roberto Castellanos (1941), Edgardo Ribeiro (1943), Amalia Nieto (1945, 1953, 1960), Luis Mazzey (1947, 1948, 1954), Guillermo Rodríguez (1950), José Echave (1955), Oscar García Reyno (1956), José Gamarra (1957), Lincoln Presno (1958), Hugo Nantes (1959), Juan Ventayol (1961), Leonilda González (1962, 1963), Anhelo Hernández (1963), María Freire (1964), Jorge Páez Vilaró (1965), Aldo Peralta (1965, 1966), que exponen las distintas corrientes artísticas que se sucedieron en el Uruguay a lo largo de esos años.

Otras obras del acervo fueron encargadas directamente a artistas plásticos, en especial los retratos en homenaje a legisladores o a distintas personalidades. Hay más de ochenta retratos, entre pinturas y bustos, que fueron encargados a artistas nacionales en distintas épocas. Desde Manuel Rosé —Manuel Oribe, Fructuoso Rivera o Aparicio Saravia—, Edmundo Prati —Busto de José Batlle y Ordóñez—, más adelante Miguel Benzo, que fue responsable de una decena de retratos —varios de Artigas, de Venancio Flores, de Joaquín Suárez, entre otros—. Hay también diez retratos del artista Pedro Alonso realizados con distintas técnicas —Artigas, Lavalleja, Rivera, Batlle y Ordóñez, etcétera— y en los últimos años hubo encargos a Wilmar López, quien realizó retratos de Aparicio Saravia y Luis Alberto de Herrera, y más recientemente a Osvaldo Leite, los de Wilson Ferreira Aldunate, Justino Jiménez de Aréchaga y Jorge Washington Beltrán, entre otros.

Varias obras fueron compradas en remates, galerías de arte o a particulares por el presidente de la Asamblea de turno —Gonzalo Aguirre y Hugo Batalla han sido muy activos en ese sentido—, bancadas de los partidos o comisiones especiales. El Palacio organizó concursos específicos, como el de retratos de Domingo Arena o el llamado a artistas nacionales por el cuerpo de cámara en 1970. También se adquirieron obras a partir de la Primera Bienal Interparlamentaria de Pintura del Mercosur en 1997, la Asamblea de Plásticos Jóvenes en 1998, la exposición del envío uruguayo a la VII Bienal de Chandon. Otras obras fueron donadas u obsequiadas por particulares, legisladores u organizaciones o delegaciones oficiales extranjeras.

El acervo está integrado por obras de los principales artistas uruguayos y recorre la historia del arte uruguayo, desde la pintura academicista de Juan Manuel Blanes, con sus retratos de Estanislao Camino, Evaristo Ciganda, y Doña Manuela y su hijo Heraclio, hasta la contemporaneidad. El impresionismo y el luminismo español están representados por Pedro Blanes Viale con sus obras Jardines de Mallorca y Retrato del pintor Santiago Rusiñol, por Manuel Rosé con El parral y El árbol rojo, y por Carlos María Herrera con Libertad.

Asimismo, se encuentran interesantes obras de dos de los principales impulsores del modernismo en el país, con sus improntas personales y locales: Rafael Barradas con Obrero en el café y De Hospitalet de Llobregat, y Pedro Figari con A la querencia y Candombe.

A su vez hay exponentes interesantes de la modalidad planista que se impuso en el país a partir de la década de los veinte del siglo pasado. Esto se aprecia en obras de Carmelo de Arzadun —siete pinturas en el acervo—, un paisaje de Andrés Etchebarne Bidart y en la original paleta de Alfredo de Simone, autor de Calle del Barrio Sur y el retrato de Emilio Frugoni —que se había perdido, y que en 1997 apareció en un remate y fue comprado a solicitud de Hugo Batalla—. Las lunas y ranchos de José Cúneo —Rancho de Florida, Rancho con árbol y Luna con rancho— también están presentes entre otras seis obras suyas, propiedad del Palacio.

El realismo social, corriente figurativa que en Uruguay se desarrolla en las décadas de los treinta y los cuarenta, fortalecido por la visita de David Alfaro Siqueiros, tiene también sus representantes: Cabeza de lavandera de Felipe Seade, Muchachos de Norberto Berdía y Los Contrabandistas de José Echave.

Acervo 10

Está presente en el trabajo de algunos de sus discípulos: cinco obras, entre naturalezas muertas, paisajes y un autorretrato, de Augusto Torres, y tres de su hermano Horacio, dos de José Gurvich —Ventana del Atelier y 25 de agosto—, varios paisajes de Alceu y Edgardo Ribeiro, y una marina de Gonzalo Fonseca.

Exponentes del arte no figurativo y del informalismo de las décadas de los cincuenta y los sesenta tienen sus exponentes en diez obras de Vicente Martín, siete de José Pedro Costigliolo, ocho de María Freire —de estos dos últimos, varios grabados y serigrafías—, de Washington Barcala —Anochecer central— y de Oscar García Reyno —Barcas y Mujer y niño—. La Nueva Figuración argentina está también presente en la colección del Palacio con una obra del argentino Luis Felipe Noé.

El arte contemporáneo no cuenta con una gran cantidad de trabajos, aunque puede destacarse la producción de artistas como Diego Masi, Lucía Pittaluga, Álvaro Pemper, Martín Verges y Gabriel Bruzzone, entre otros, que se ha integrado a la colección permanente del Palacio. Hay también varias obras de Osman Astesiano —quien fuera jefe de la Dirección de Conservación Artística y asesor artístico del Palacio Legislativo durante varias décadas—. Una obra que sobresale es Máquina capadora de Nelson Ramos, que pasó a formar parte del acervo luego de obtener el Gran Premio en la Bienal Interparlamentaria del Mercosur en 1997. Un serrucho con una gran bolsa en su parte inferior, de madera pintada, es representativo de la serie de trabajos que el artista comenzó a realizar a mediados de la década de los noventa en los que, en una especie de juego irónico, herramientas se transforman en objetos inútiles.

Acervo 11
Nelson Ramos. Máquina capadora. 1997. Madera pintada
Foto: Carly Angenscheidt

Aunque el acervo se conformó en cierta medida por el azar de los premios y las adquisiciones, y aunque la obra de algunos artistas insoslayables está ausente, todo esto conforma una muy valiosa colección que podría ser de las más importantes del país si se complementara con algunos autores. Y si, a su vez, fuera catalogada con criterios museológicos, y difundida adecuadamente.

 

  • 1El Grito de Asencio, hecho militar acontecido el 28 de febrero de 1811 a orillas del arroyo Asencio, en el que los criollos de la Banda Oriental triunfaron frente a las autoridades realistas españolas de Montevideo. Es símbolo del inicio de la revolución independentista frente al poder español. La Batalla de Las Piedras tuvo lugar el 18 de mayo de 1811. Fue el primer triunfo relevante del ejército revolucionario de los orientales al mando de José Gervasio Artigas, en el que se venció al ejército del nuevo virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío. El Éxodo del Pueblo Oriental se inicia el 23 de octubre de 1811 cuando los habitantes de la Banda Oriental, liderados por Artigas, iniciaron una emigración colectiva hasta el Salto Chico del río Uruguay luego del levantamiento del Sitio de Montevideo. La Independencia del Uruguay fue el resultado de un proceso que comenzó en 1811. La fecha oficial en la que se celebra es el 25 de agosto de 1825, día en que en el Congreso de la Florida se declaró la Ley de Independencia con respecto al Imperio de Brasil, Portugal y cualquier otro poder extranjero.
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